Patricia G. Zamudio

A veces pensaríamos que uno de los ámbitos donde más “libres” somos en el lenguaje: podemos expresarnos como deseemos para comunicar un mensaje, sin embargo, la lengua es uno de los entramados sociales donde se ponen en juego muchas cosas.

Una lectura de la Lección inaugural de Roland Barthes nos ayuda a visualizar esos elementos “ocultos” en el uso cotidiano de la lengua de los que somos presas. En este texto Barthes comienza por aclarar que las dualidades significante-significado que refiere al modelo lingüístico de Saussure, así como diacronía y sincronía que remite a la historia son importantes para poder entender qué es el estrucutralismo (escuela dominante en ese entonces para el análisis de la lengua), que dicho  sea de paso no considera como escuela o teoría, sin embargo, dicho análisis no es útil para poner en relieve ¿por qué  se puede decir que la lengua es fascista?.

Cuando define al hombre estructural se afirma implícitamente que la estructura es inherente al ser humano, posteriormente es reafirmado cuando se califica como una actividad, como “…sucesión regulada de un cierto número de operaciones mentales…” (Barthes 191). ¿De qué manera? ¿Cómo es posible? El autor responde que esta actividad es una re-presentación, es decir, vuelve a presentarse la realidad pero de una forma diferente, y en este proceso surge lo inteligible, aquello que da sentido (que también es una característica de lo humano).

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Cuando Barthes se refiere a la lengua como fascista es porque:

  1. Los elementos son ordenados según ciertas reglas, y
  2. Porque es restrictiva

Esto es así porque la lengua es un código, un conjunto de reglas, que además, también encierra un contenido que va más allá del mensaje. Hay dos dimensiones en las cuales se reafirma el poder: el primero de ellos es la aserción (o afirmación) y el segundo es la repetición. En este sentido, el poder se encuentra en todo discurso, no se trata de una cuestión que sea exclusiva de la política (aunque resulta mucho más claro su existencia en ella), es decir, el poder se encuentra presente de muchas maneras en la vida social.El discurso del poder, dice el autor, que es inherente al ser humano, tiene como característica principal hacer latente la “culpabilidad” de quien lo recibe (este es el contenido más allá del mensaje) cuya finalidad es aceptar dicho discurso y/o actuar en consonancia con él.

Podemos concluir que, a pesar de la pretendida rebeldía que el mensaje encierre, seguimos ciertas pautas para comunicarlo. La única manera de luchar contra el poder de la lengua para Barthes es jugar con él, romper sus reglas.

 

Bibliografía

Roland Barthes, “La actividad estructuralista”, en Adriana de Teresa y Gustavo  Jiménez, Teoría literaria: selección  de lecturas,  SUAFyL, México, 1996.

Roland Barthes, “Lección inaugural de la Cátedra de semiología lingüística del Collège de France. 7 enero 1977”. Siglo XXI, México, 1993.

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