José Carlos Díaz Silva

Hace un par de meses, el Papa Francisco, declaraba en Roma que el dinero es  “la defecación del diablo” (ver nota completa: http://eluni.mx/1CdIwWf), afirmó que existe una dicotomía entre el uso que se le pueda dar al dinero; a pesar de que este es esencialmente corruptor, uno puede resistir moralmente a su fuerza negativa.  Observar el dinero como un problema del decoro humano no es nuevo, es básicamente el discurso milenario de la Iglesia Católica; lo podemos encontrar en las discusiones de esta con la visión del protestantismo de Martín Lutero (Huberman, 1995)

La versión anterior, además de no ser nueva, tampoco es  exclusiva de la religión.  En la gran obra de teatro de William Shakespeare, El mercader de Venecia, nos topamos con esta dualidad (moral); vemos enfrentados al bonachón mercader de Venecia (Antonio) que utiliza su fortuna para ayudar a su ponderado amigo (Bassanio) a obtener dinero del prestamista y usurero (Shylock, el antagonista de la historia), un judío avaricioso, movido por una sed incansable (como la que ocasiona la rabia en los animales) de acumular riqueza. Es el bien quien se enfrenta al mal (del dinero).

Permitámonos hacernos una pregunta: ¿acaso no existe una manera distinta de explicar la cuestión del dinero? Y si es así ¿por qué debería importarnos? La primera cuestión se responde de manera afirmativa, y no solo eso, sino que existen muchas maneras de entender el problema, si miramos al trabajo de los economistas, historiadores, sociólogos, etc., veremos que es posible entenderlo apartándonos de la dicotomía del bien y el mal. A continuación ofreceremos una explicación del dinero, pero antes debemos responder la segunda interrogante.

Pensamos que hay dos razones primordiales por lo que debería importarnos: una por simple curiosidad y otra por el bien de todos. En el siglo XXI hay pocas cosas (traten de imaginar algunas) que se puedan conseguir sin dinero, así que se lo toma como algo dado, como la lluvia o la salida y puesta del sol; sabemos porque ocurren estos fenómenos y es sencillamente interesante saberlo, aunque sea a un nivel básico y sencillo, sin ansias de convertirnos en físicos o cosmólogos.Que la curiosidad nos lleve a entender lo que siempre queremos cargar en el bolsillo. El interés común está con lo que pase con el dinero, en México por ejemplo, la opinión general es que si el peso se devalúa “nos va a chupar la bruja” (como en 1995, después del “error de diciembre”), también se habla de crisis económica y sobre todo financiera, en Estados Unidos, en Europa (particularmente España y Grecia). Con respecto a esos fenómenos, la opinión popular es que el problema estuvo en el manejo del dinero, por lo tanto entender qué es eso que se maneja, es un asunto común. Sencillamente, podemos responder que es de interés porque el dinero está en ¡Todo!

El dinero (o algo parecido a), ha existido desde hace mucho tiempo, lo podemos encontrar en culturas europeas como la griega, la de los fenicios, la sociedad romana (los soldados del ejército regular, por ejemplo, recibían un salario). Sin embargo, estos pagos dinerarios no eran dominantes en las relaciones económico-sociales que mantenían. Además, entre las diversas cultura no existía una cosa homogénea que hiciera las veces de dinero, esto nos lo relata muy bien Fernando Braudel (1984), cosas tan simples como conchas de mar podían ser un medio de intercambio. En el México antiguo encontramos que el cacao en algunos casos (fortuitos) era dinero y servía como una pieza generalmente aceptada para el intercambio.

A pesar de la forma tan variada del dinero a lo largo de la historia encontramos algo en común: está siempre del lado del comercio, es decir del intercambio. También que estos comercios, formaban mercados, pero en ningún caso eran dominantes, y es esto justamente lo que distingue nuestra sociedad, acá en el mundano presente, impera el mercado y con ello el dinero.

El comercio es principio y fin en nuestra sociedad, uno consigue dinero (como pueda) va al mercado, mete la mano derecha o izquierda en alguno de sus bolsillos, extrae billetes y monedas, entonces cuenta, 10, 20,…, 1000, pesos, entonces sabemos cuanto podamos comprar, cuanto más dinero más podemos adquirir, entre más bienes poseamos más ricos somos; cuanto más poco, menores las posibilidades de tan siquiera mercarnos un plato de comida fría.

El dinero se nos incrusta como una idea, la riqueza individual (y social), se mide por el volumen de los bolsillos llenos (de billetes o tarjetas de débito y crédito). Con este pensamiento nos venden siempre la ilusión de tener más dinero: la lotería, los concursos, el ser un gran emprendedor, el corredor de bolsa, y más recientemente el gran capo que consigue dinero fácil…

Sin embargo, nosotros, la gente a pie (y la mayoría de los personas que lean esto estarán de acuerdo) tenemos tanto dinero como trabajo hayamos hecho. Las horas extras, los turnos dobles, el trabajo en domingo, etc. nos dice que es así. Para comprar hay que trabajar, y para poder comprar lo que se tenga que comprar, alguien más debió haber trabajado para producir lo que nosotros queremos comprar y ellos a su vez comprar lo que quizá nosotros hemos producido.

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Todo se resume en comprar, pero antes hay que vender, y eso es lo que significa el trabajo que hacemos diariamente, nos vendemos a cambio de unos cuantos salarios mínimos (a veces menos) y con estos sueldos nos abalanzarnos al mercado para comprar nuestra subsistencia. El dinero no es más que la representación de las horas de la vida que invertimos en nuestros puestos de trabajo. Si nadie trabájese no habría que comprar y entonces el dinero sería inocuo, quizá serviría para limpiarnos el trasero, y nada más (dejando fuera de este comentario escatológico los billetes con el rostro de Benito Juárez y José María Morelos).

Como nos diría el maestro Michael Ende (2001), el tiempo es una cosa misteriosa y todo depende de qué se haga con cada hora; y lo que nosotros hacemos buena parte de nuestras vidas es trabajar.

Entre más compradores y vendedores existan,  más dinero es necesario, y hay más productos circulando porque el trabajo que produce todo lo necesario en este mundo también se vende, tiene que pasar por el mercado. La historia que va desde el poco antes de la Primera Revolución Industrial en Inglaterra hasta nuestros días (la que algunos llaman la era de la globalización), es la de la consolidación de los mercados mundiales, y en consecuencia la consolidación del dinero como una necesidad social planetaria.

A manera de conclusión, podemos afirmar que el dinero depende de la forma particular que tome cada sociedad; las formaciones sociales moldean la del dinero. Todas las sociedades que hemos mencionado brevemente tienen algo en común con la nuestra (además del uso de una moneda) que producen cosas para ser vendidas, la diferencia es que las relaciones monetarias no eran dominantes como si las son en nuestro tiempo. Conforme se consolida la presencia del mercado en la sociedad el dinero va siendo cada vez más necesario y creando una relación social indisoluble.

El dinero es un fenómeno social y no una cuestión moral, es consecuencia de la dinámica económica, política, etc. Si queremos saber por qué del lado del dinero se dan las más avariciosas actividades o por qué parece que desquicia al mundo (el exceso de la usura o la búsqueda de hacer dinero por hacer dinero), debemos considerar todo lo anterior, sin olvidar (nunca) que la fuente de la riqueza de toda sociedad proviene de la forma en que si utilice el trabajo humano.

Referencias

  • Huberman, Leo. (1995). Los bienes terrenales del hombre. Editorial Panamericana. Bogotá.
  • Shakespeare, William. (1998). El mercader de Venecia. Editorial Época. México.
  • Braudel, Fernando. (1984). Civilización material, economía y capitalismo. Alianza editorial. Madrid.
  • Ende, Michel. (2001). Momo. Editorial Alfaguara. México.
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