crisisPatricia G.

En tiempos recientes hemos sido testigos en el debate de la política nacional, la aparición en escena del tema de las denominadas “reformas estructurales”. Un primer acercamiento a ellas lleva a la revisión de la clasificación de las políticas económicas, éstas se encuentran ubicadas dentro de aquellas que buscan modificar los fundamentos de la economía. Sin embargo, la estructura de la producción sigue siendo el capitalismo. Por otro lado, resulta conveniente realizar una aproximación a las mismas, para poder distinguir la multiplicidad de factores que influyeron en ellas.

Esta serie de medidas se ve inmersa en la combinación de una serie de factores: a) una dinámica global b) el fracaso del proyecto representado por la URSS c) el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones d) problemas macroeconómicos de muchos países e) la reconfiguración del orden económico internacional f) el crecimiento y expansión de empresas, que lleva a la deslocalización de la producción. Es menester mencionar que este cambio de paradigma responde no solamente a factores internos, sino también a un cambio en el pensamiento internacional.

Según la bibliografía revisada, al situar a México en este contexto es posible observar que el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones llevado hasta el límite creó la necesidad de modificar el funcionamiento económico. Algunas de las características de la economía mexicana para ese periodo son: crisis sexenales, disminución del ahorro interno, aumento del ahorro y la inversión externa, no hay un sistema financiero y fiscal eficiente. ¿En esta situación México tenía una gama de opciones sobre los caminos a elegir y escogió el peor? La respuesta es negativa, no es posible plantear en términos tan escuetos un análisis para la economía, es decir, es necesario considerar que esta serie de medidas se implementaron porque no había muchas opciones para hacer frente a la serie de presiones que se combinaron y dieron como resultado un estado de la economía en el cual se reducía el margen de maniobra, había que actuar para conseguir los objetivos de saneamiento fiscal, control de inflación y estabilidad, estos cambios modifican el comportamiento y por lo tanto la forma que interactúan los diferentes grupos sociales.

Una de las principales dimensiones es el carácter redistributivo de estas medidas. Las consecuencias que vienen aparejadas con ellas resultan en cambios económicos y sociales que implican modificaciones en la organización de los precios, poder adquisitivo, las pautas políticas, el gasto público, impuestos, ingresos, deuda, inversión, así como el cambio de las relaciones entre sujetos anteriormente establecidas. Las reformas modifican los precios y como consecuencia también las rentabilidades, lo que influye a su vez en el monto a invertir (creación o destrucción de capacidad productiva).

Clavijo muestra como el discurso oficial trato el ámbito financiero; la liberalización financiera fue justificada argumentando que la afluencia de flujos financieros sería mayor, lo que lograría una mejor asignación de estos recursos pues se promovería el ahorro, porque éste tiene la función de intermediación entre los agentes para canalizar recursos a otros sectores con el fin de estimular el crecimiento, y como resultado de éste la economía sería más dinámica y por lo tanto desarrollo.

Se sigue pues, que, tras adaptar las innovaciones tecnológicas, eliminar las barreras al comercio y la incorporación de la banca extranjera, entonces la demanda de crédito se incrementaría. Algunas características que pueden mencionarse del proceso en México son: la banca internacional ha desplazado a la nacional, se dejaron de lado cuestiones tan importantes como las características y condiciones de los clientes locales, se deterioraron las carteras de inversión, insolvencia de bancos nacionales, poca generación de ahorro, pérdida de información, poco personal capacitado, nuevos instrumentos financieros, canalización del crédito hacia el consumo (no ven rentables proyectos orientados a la producción; agricultura, manufactura, construcción, servicios), que los bancos extranjeros prefirieran invertir en deuda pública, el crédito interno fuese muy caro: se dificulta el acceso en las pequeñas empresas por el nivel de las tasas activas.

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La liberalización comercial buscaba promover clusters (es decir, grupos de empresas trabajando en un mismo sector industrial), la integración a una región económica, equilibrio en los precios, incremento de la inversión extranjera directa, así como disminuir los costos en las grandes empresas, incrementar el ingreso de la clase media, incrementar la demanda agregada, también se esperaba que creara una  mayor oferta de crédito, la reducción del aparato gubernamental, nuevas inversiones, modernización de plantas productivas, utilizar la liberalización como medio para lograr la estabilización (de la cuenta corriente), el perfil exportador modificó la distribución del ingreso, esto crea tensiones entre las esferas del poder: la industria ya era concentrada, pero se concentró aún más.

Si bien se tiene acceso a los mercados internacionales, la integración regional que México ha tenido no le ha beneficiado, a pesar de la cantidad de exportaciones que se destinan al mercado estadounidense que en recientes años se han visto desplazadas por las chinas debido a su competitividad, si a esto se le suma que en México no se producen bienes de capital entonces es evidente que el empleo no tuvo grandes incrementos, por lo tanto no hubo disminución en las desigualdades de ingreso y sociales de las personas, como ya se mencionó anteriormente la concentración industrial es mayor no solamente en términos de propietarios sino regional y geográficamente (principalmente en la zona norte del país), el incremento de las exportaciones trae consigo un aumento más que proporcional de las importaciones por lo tanto el valor agregado que se añade a los productos es muy poco, a esto se le agrega un endeble mercado interno.

Este nuevo perfil favoreció ciertos sectores, Víctor M. Godínez analiza las consecuencias de lo ocurrido, según su análisis, estos cambios  implicaron una interrupción de los patrones regionales que hasta el momento prevalecían, en el cual se observaba que los beneficios iban dirigidos sólo para unas cuantas entidades federativas (a pesar de ello las reformas han ocasionado una reversión de la tendencia de reducción relativa de las desigualdades), aconteció una reconfiguración espacial, el desarrollo del área sur sigue siendo muy lento, en la parte occidente se suscitan pocos cambios, mientras que en la parte del centro hubo un cambio de ubicación de los llamados “centros económicos” hacia otras zonas, lo cual también trae como consecuencia la disminución de la importancia del sector agropecuario pues se incrementó la importancia relativa de las manufacturas y los servicios

En lo que refiere al empleo es posible observar que el mercado de trabajo reproduce las características del México anterior a las reformas, la creación de empleos visto en forma regional acentúa las diferencias entre las zonas más dinámicas (las del norte) y las más rezagadas (el sur). En cuanto al desempleo el sector agropecuario fue el sector que más resintió el cambio, las personas que laboran en él no pueden incorporarse a otras actividades tan fácilmente debido a la diferencia de capacidades y habilidades requeridas, el sector manufacturero y de servicios demandan una mayor mano de obra y hasta cierto punto calificada. Aun así, considerando el empleo en su conjunto hay un incremento pequeño en el que crea la manufactura, la causa radica en la cantidad de insumos que son necesarios para la elaboración de los bienes intermedios. La menor acumulación de capital dentro del sistema económico, la lentitud de crecimiento de la oferta de trabajo calificado y las dificultades para elevar la productividad desembocan en el gran número de trabajadores que se encuentran en la informalidad, así mismo los salarios se han visto afectados por la disminución de la fuerza de los sindicatos, la flexibilización de la mano de obra, el desempleo urbano, y el cambio en la demanda de trabajo.

Además de las consecuencias propias de las reformas, los efectos se profundizan con la acción gubernamental, en un primer momento por el ajuste del gasto primario, la reorientación de transferencias y el gasto público. En general la acción gubernamental hizo más hondos los efectos negativos a nivel social, la brecha salarial fue más grande por el cese de apoyo a varios sectores (específicamente la agricultura) y las transferencias que, salvo algunas excepciones son regresivas.

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La desigualdad causada por las diferencias en los niveles educativos pudo haberse disminuido si se hubiese implementado algún programa de apoyo a la educación básica para mantener o acelerar la escolaridad promedio, y debido a los cambios en el rendimiento del capital humano, así como la mejora en la calidad educativa en todos sus niveles.

Por otro lado, el paso de los subsidios generalizados a los subsidios focalizados no ha generado los resultados esperados en la población debido al poco énfasis que pusieron en las regiones que lo necesitan y el efecto que produce, por si fuera poco, este intento de redistribución del ingreso se hizo a expensas de los sectores pobres y medios, no de los altos. La política de impuestos no es progresiva, ha favorecido los monopolios, ha fomentado la concentración de la riqueza.

Para concluir se puede afirmar que las reformas estructurales modificaron el funcionamiento económico, de tal forma que en la mayoría de las empresas se incrementó el uso de insumos externos en las exportaciones, hubo una ruptura en las cadenas internas de valor, el desplazamiento y eliminación de muchas de ellas que producían localmente, debido a rezago inversionista y productivo. A pesar del problema crediticio, en los últimos años la economía mexicana ha mostrado un crecimiento moderado, lo cual puede explicarse por este nuevo enfoque exportador, es decir, de crecimiento hacia afuera donde la evolución de la economía estadounidense es la razón. Otras de las consecuencias de las reformas son: un mercado de trabajo poco dinámico cuya calidad se ha visto deteriorada, muy poca incorporación tecnológica, un abrumador crecimiento de la informalidad, desigualdad redistributiva mayor, dificultades en la obtención del ingreso público, tributación asimétrica y regresiva en muchos aspectos. En los hechos los costos de las reformas son sociales y los beneficios para pequeños grupos (en el fondo de este cambio está la reestructuración de las relaciones de poder).

Como balance final es posible afirmar que las reformas económicas impulsadas desde finales del ochenta no han causado los efectos que se esperaban en materia de empleo, salarios, desigualdad de ingreso, pobreza, concentración de la riqueza, y la política estatal está lejos de hacer contrapeso, las personas han sufrido una pérdida de bienestar importante. La forma en la que se han llevado a cabo ha desembocado en poco crecimiento, al papel reducido de la banca en los sectores productivos, a la creación de un reducido número de grupos fuertes (económica y políticamente), a la concentración geográfica de la actividad. Así como tensiones entre las medidas macro y la intermediación financiera. Es necesario que la política fiscal así como la monetaria, funcionen como herramientas al impulso económico y no al estancamiento de ella, también se necesita un marco regulatorio claro, mecanismos de supervisión eficaces y el correcto funcionamiento de las instituciones (formales e informales).

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